vuvuser's blog

2/21/2018

Sparring con el millonario


La arena estaba a reventar. Los boletos se habían vendido completamente un mes antes de lo previsto; el espectáculo prometía mucho. Carlos era dueño de uno de los palcos de ese recinto, pero para esa función pagó por boletos de primera fila; valía la pena. Iba con su novia con la que llevaba saliendo apenas 2 meses y con su mejor amigo Tadeo. Tadeo y Carlos boxeaban juntos en una academia, pero ninguno lo hacía profesionalmente, sin embargo ambos eran muy buenos.

Carlos tenía 25 años, media 1.90m y pesaba 80 kg. Era muy fuerte y atlético; había entrenado box desde que tenía 12 años y desde entonces se había preocupado por su alimentación y más tarde por su musculatura. Se parecía al actor de "Saved by the Bell" Mario Lopez. Moreno, de pelo negro pero atractivo. Su nueva novia era guapísima, se parecía mucho a Ariadne Artiles. Ambos juntos parecían una pareja de artistas de televisión.

Tadeo era menos alto que Carlos pero igual de fornido. Era un año menor que Carlos, medía 1.78m y pesaba 75 kg. Era puro músculo. Parecía un joven y super mamado Chris O'Donnel. Tenía un tatuaje de un Yin & Yang formado por una lechuza y un búho en la espalda. Su físico y su actitud llamaban mucho la atención en el gimnasio. Era una persona muy amable y divertida, pero también era muy competitivo.

Cuando llegaron a sentarse a sus lugares Tadeo vio una cara conocida en el lugar justo detrás de ellos. Era un muchacho que asistía a la universidad donde él trabajaba. Se llamaba Nicandro, pero todo mundo le decía Nikky. Él también era aficionado al box y pertenecía al equipo representativo de su universidad. Al lado de él estaba una chica, y otra pareja. Tadeo lo saludó desde que lo reconoció.

"¡Hola Nikky, qué tal! Mira dónde nos venimos a encontrar," le dijo Tadeo extendiendo la mano.

"¿Qué tal, profe? No sabía que venías a esto. Me gané los boletos en la universidad, 2 boletos dobles, vine con mi novia y un amigo," dijo Nikky levantándose y señalando a la chica en el asiento junto a él. "Mirna, te presento a mi profesor de física." La chica se levantó y se acercó a Tadeo para saludarlo. Era muy guapa, muy joven también, rubia de ojos claros. No se veía muy convencida de querer estar en ese lugar. Al lado de ella se levantó la otra chica que iba con el grupo, se presentó a ella misma, y su novio también se levantó para saludarlo. La otra pareja se veía más desaliñada que Nikky y Mirna.

"¿Qué tal? Hector," dijo el muchacho. "Mi novia, Ana."

"Mucho gusto," dijo Ana.

"¿Eres profesor en la universidad?" preguntó Hector.

"En realidad estoy encargado de impartir los cursos de asesoría a estudiantes," contestó Tadeo. "Lo veo cada dos semanas más o menos."

"Eres un burro, Nikky," dijo Hector.

"Es para ser mejor, no por necesidad," contestó Nikky desde el otro lado. "Oye profe, qué buen trabajo es ser asesor, ¡eh! ¡Hasta para venir al box a los mejores lugares!"

"No, no para nada. Me invitó mi amigo Carlos. Él es el que pagó los boletos. ¿Tu crees que voy a poder pagar esto, y aparte la renta con lo que me pagan en la universidad? Bueno fuera que ayudar a burros a entender física fuera tan redituable." Todos se rieron y Nikky levantó los puños como si fuera a golpearlo.

Carlos volteó hacia atrás y también saludó al grupo de muchachos. No tenía muchas ganas de hacer nuevos amigos, menos cuando eran mucho más chicos que él, pero tenía el mínimo grado de cortesía que le obligaba a sonreír y saludar. Todos se sentaron y cada grupo volvió a lo suyo.

Poco tiempo después comenzó la función y el cuadrilátero no volvió a dejar de ser el centro de atención de todos. Hubo 3 peleas antes de la pelea estelar en la que un boxeador mexicano se media contra uno argentino.

En los últimos tres rounds el mexicano recibió dos golpes bajos muy fuertes, uno en el antepenultimo round, en el que el referi paró el combate, y uno más en el ultimo round que el referi no vio y por el que perdió el combate el mexicano. Por ser la pelea en México obviamente la mayoría de la gente que asistió estaba muy enojada, y al final de la pelea empezaron a abuchear.

Carlos, que era muy apasionado, no dejaba de maldecir al referi por no poner atención. Tadeo estaba de su parte y comentaban juntos el hecho. Pero detrás de ellos un Nikky ya muy tomado, y quién tenía una apuesta que le daba el triunfo al argentino, festejaba la victoria del boxeador extranjero.

"No vales nada," le decía Hector.

"Pues valgo más de lo que valía antes de la pelea porque gané $500 dólares con este boxeador," contestó Nikky ya arrastrando un poco las palabras. "Aparte, que no sea joto, un golpe en los huevos no te hace perder una pelea. Imagínate que estuvieras peleando en la calle, ¿apoco vas a pedir que se pare la pelea, o que le quiten un punto al otro? No mames." Esto último lo escuchó Carlos, que también había tomado unas cuantas cervezas, y no pudo evitar contestar.

"¿Cómo vas a decir eso? estás hablando de un deporte profesional, no de luchitas en tu casa. El argentino debió haber sido descalificado."

"Ay sí, no mames, el boxeador tiene que estar preparado para todo. Aparte a mi me han pegado en los huevos y nunca ha sido para tanto," contestó Nikky, y ya todos los veían a los dos sin meterse en la discusión.

"Quiero ver qué te parecería si un boxeador de verdad te diera un golpe directo en los huevos. Estarías llorando como niña. Pero bueno, se me olvida tu edad. A los 15 años tal vez yo también pensaba que los golpes no dolían."

"Tengo 20, güey, y peleo con boxeadores de verdad. Yo si voy a ser boxeador profesional en unos años, ¿tu qué?"

"Pues yo también boxeo niñito," contestó Carlos, acalorado.

"Pues vamos a darnos de chingazos," dijo Nikky al momento en que Hector y Tadeo intervenían para evitar un incidente en ese lugar.

"Cálmate, cálmate, Nikky, nadie se va a dar de chingazos aquí," dijo Tadeo.

"Sí, güey, ya párale," también le dijo Hector. "No te quieras hacer el muy verguita."

"Pues, ¡a ver!, si dice que no aguanto nada, pues que lo demuestre. Vamos a la uni, nos damos un tiro, ahí hay equipo."

Tadeo, agarró a Carlos de un brazo y le dijo, "ya vámonos, cabrón, ni se te ocurra hacer nada tu tampoco."

"Te espero en mi casa, mañana a las 7 de la tarde, niñito, ahí tengo yo un ring y equipo también," le dijo Carlos a Nikky muy confiado. "Vamos a echarnos un sparring."

"¡No!" dijeron al unísono Héctor y Tadeo cuando vieron que a Nikky le parecía buena idea.

"¡Ya quedó, mamón! Dame tu teléfono."

A pesar de que Hector y Tadeo intentaron disuadirlos de que no era una buena idea y tratando de distraerlos para que se les olvidara lo que estaba pasando, Carlos tomó el numero de Nikky y la cita estuvo hecha media hora después.

.........................................

Dos días después de la pelea de box Carlos estaba en su casa cambiándose de ropa. Eran las siete de la tarde en punto y quería estar listo para recibir a su nuevo contrincante de box. Nikky había accedido a una sesión de sparring con Carlos en la que la regla no escrita es que podían utilizar golpes bajos contra el adversario. Nikky había dicho que en el box debías de poder soportar golpes a los huevos, y Carlos quería demostrarle lo poco que podía soportar.

Carlos era moreno y siempre se había sentido orgulloso de eso. Nunca le había molestado su color de piel pero había habido ocasiones en que esto había sido motivo de burlas, sobre todo en la escuela. Desde chico aprendió a defenderse y cuando tenía doce años entró a una academia de box. Desde entonces aprendió a pelear con técnica y después de algunas peleas contra bullies en la escuela en las que los hizo pedazos, nadie más volvió a meterse con él ni con su color de piel. Esa era la razón también por la que le habían molestado los comentarios de Nikky. La pelea de boxeo era de un mexicano contra un argentino, y Nikky había apostado al argentino, en primer lugar, pero aparte, después de ganar con dos golpes a los testículos del mexicano, ¡Nikky todavía defendía la victoria de este! Esa era razón suficiente para que Carlos quisiera enseñarle una lección a este muchacho de 20 años que acababa de conocer.

Nikky llegó a las 7:30 pm, puntual. Tocó el timbre y una sonido de chicharra indicó que la puerta se acaba de abrir. La casa a la que llegó Nikky no era lo que él esperaba. Era una casa muy lujosa, con jardín al frente y muy amplia. Desde afuera podía ver dos pisos, y pasillos que daban a la terraza en ambos lados de la casa. No se arrepintió de haber aceptado el reto y tenía mucha curiosidad de conocer el espacio donde iban a pelear.

Entró a la casa, se notaba desde el principio que era muy lujosa sin embargo tenía un estilo sobrio. Un intercomunicador se encendió y escuchó la voz de Carlos: "pásale al sótano, aquí estoy". Cuando volteó a ver a donde estaba el origen de la voz vio una pequeña pantalla y alcanzó a reconocer la cara de Carlos, con el brazo estirado que seguramente estaba presionando un botón. Justo vio eso y la imagen desapareció. Dio un vistazo alrededor buscando las escaleras y las encontró del lado izquierdo. Dio otro vistazo, impresionado por la casa y luego bajó las escaleras. Llegó a un pasillo que terminaba en una puerta. Se acercó a ella y la abrió. Entró a un cuarto amplio en donde había todo tipo de accesorios y artefactos para entrenar. Había pesas, un saco de arena para golpear, una pera de box, bicicleta estática, caminadora un tapete para lucha grecorromana y un ring de tamaño oficial. Nikky estaba impactado. En ese momento quería convertirse en el mejor amigo de Carlos y entrenar ahí todos los días.

"¿Así vas a boxear?" preguntó Carlos interrumpiendo su observación del espacio.

"No, traigo mis shorts," contestó Nikky, y se sintió un poco tonto.

"¡Pues órale! ¡Cámbiate! ¿O vienes a platicar?"

Nikky tomó su mochila y empezó a sacar sus cosas. En realidad ya no quería el sparring, quería ver todo el gimnasio a detalle y preguntarle a Carlos por todas las cosas que tenía ahí. Pero luego se acordó por qué había ido a ese lugar y la discusión que habían tenido en la arena, y sintió de nuevo las ganas de golpear a Carlos.

Nikky iba vestido con unos pants negros y una camisa sin mangas blanca. Sacó sus shorts de boxeo y volteó a ver a Carlos para ver si lo estaba viendo porque estaba a punto de quitarse los pants. Carlos ya estaba listo para boxear, aunque no tenía puestos shorts de boxeo sino unos un poco más ajustados, como si fuera a levantar pesas. Vio que tenía lycras abajo de sus shorts; él también traía lycras bajo sus pants, y no pensaba quitárselas para ponerse los shorts, pero como quiera le daba algo de vergüenza mostrar su bulto.

Finalmente se cambió, se puso sus shorts, sus botas y sus guantes. Vio que en un muro había colgados protectores para entrenamiento: caretas y protector inguinal. Su subconsciente lo traicionó y se le ocurrió preguntarle a Carlos si iban a usar protectores para el sparring.

"¿Qué? ¿Ya estas joteando? ¿No fuiste tú el que dijo que los golpes bajos debían de soportarse en una pelea? ¿Ahora te quieres cubrir tu carita y tus huevitos? No me digas que viniste a hacerme perder el tiempo."

"No, no, está bien, es que estoy acostumbrado a usarlos en la universidad," contestó Nikky.

"No estas en la universidad niñito. ¡Subete al ring!"

Se subieron los dos al cuadrilátero y empezaron a caminar alrededor uno del otro. "Quedamos en que no hay reglas, ¿verdad?" preguntó Nikky ya más metido en la pelea. "Sí, niñito, quedamos en eso. Más específicamente: te puedo deshuevar y me puedes deshuevar y esto no se va a detener," le contestó Carlos.

Nikky se acercó a Carlos tratando de ganar el primer ataque. Estaba molesto por la manera en que lo seguía llamando "niñito" y quería demostrarle que sabía boxear y que le podía ganar. Soltó un combinado de tres golpes, el primero iba a la cara de Carlos, el segundo al estomago y luego un golpe de abajo hacia arriba entre las piernas de Carlos. Carlos se defendió de los tres golpes y ninguno llegó a causar el efecto deseado. Pero contestó con dos golpes que le dieron directo en el estomago y en el riñón a Nikky. Este sorprendido por el dolor que sintió encogió los brazos y trato de cubrirse por lo que no pudo reaccionar cuando Carlos le dio un golpe fuerte y directo a los huevos.

"¡Ooouuuggghhhhh!" gritó Nikky y cayó al suelo. Se llevó los guantes entre las piernas y se encogió. Empezó a respirar rápida pero profundamente. Sintió mucho dolor, pero también sintió mucho coraje.

"¿Ya, fue todo? ¿No que mucho aguante de golpes bajos? Con uno tuviste," se burló Carlos.

Nikky se levantó sin decir nada. Con un guante en los testículos adoloridos, estiró cada una de sus piernas. Saltó tres veces y empezó a rodear a Carlos otra vez. Siguieron boxeando, conectando algunos golpes, Carlos recibió dos golpes en la cara y dos en el abdomen, Nikky esquivó un derechazo a la cara pero no vio venir el guante izquierdo directo a la quijada.

Nikky, ya un poco cansado se dio cuenta de que estaba perdiendo la pelea. Decidió intentar algo. Sin dejar de ver a Carlos y cubriéndose la cara con los guantes arremetió contra él pero en vez de soltar un golpe al cuerpo bajó una rodilla al piso y soltó un golpe que le dio a Carlos justo en su paquete. El golpe fue muy fuerte y Carlos soltó un sonido ahogado de dolor.

"¡Mmmmpphhhhh!" fue lo que escuchó Nikky, y sin perder oportunidad, viendo a Carlos doblarse para cubrirse sus partes, lo golpeó directo en un costado de la cabeza. Carlos se cayó al piso.

Se levantó de la lona en menos tiempo de lo que lo hizo Nikky. También se estaba agarrando la entrepierna pero antes de que Nikky pudiera reaccionar ya estaba con los dos puños en alto y atacando a diestra y siniestra. Los primeros golpes no golpearon directamente como él quería, pero después del tercer golpe Nikky no pudo reaccionar tan rápido y comenzó a cubrirse el cuerpo. Los golpes seguían conectando en el cuerpo encogido de Nikky. Tres veces Carlos conectó en los testículos, en desesperación, Nikky soltó uno solo que dio en el bulto de Carlos y lo obligó a retroceder un poco y agacharse.

Aprovechando que Carlos no estaba cerca, Nikky se hincó para descansar del dolor que estaba sintiendo. Volteaba a ver a Carlos esperando que siguiera recuperándose él también. Los dos estaban doliéndose de los huevos; los tres golpes que conectó Carlos no habían sido con toda la potencia, pero el de Nikky sí.

Nikky estaba viendo a la lona, tratando de recuperar su aliento. Cuando volvió a voltear a ver si Carlos seguía ahí lo que vio fue un guante que volaba a su cara. El golpe lo recibió de lleno y cayó de espaldas a la lona completamente aturdido. Carlos lo vio tirado en el suelo y no dudó en dejar caer su puño forrado con un guante de box directo en los huevos de Nikky.

Nikky soltó un grito de dolor al mismo tiempo que ponía sus manos en sus partes nobles y se levantaba para quedar medio sentado. Carlos no desaprovechó la oportunidad y lo golpeó otra vez en la cara. Nikky quedó tendido en la lona, noqueado.

.........................................

Carlos apoyó su guante en la cabeza de Nikky y acercó su cara para verlo. Todavía estaba inconsciente. No creía que hubiera tenido tanto tiempo, suficiente para amarrarlo al saco de arena que colgaba del techo del sótano. Carlos había hecho un buen amarré con lazos que tenía para ajustar el ring.

Cuando Nikky despertó tardó unos segundos para reconocer dónde estaba. Cuando trató de moverse se dio cuenta de que no podía, su cuerpo estaba totalmente inmovilizado. No se dio cuenta entonces pero no tenía sus shorts de boxeo puestos, estaba únicamente con las lycras que llevaba debajo. Carlos estaba frente a él.

"Ya despertó el niñito. Por fin," le dijo viéndolo a los ojos.

"¿Qué haces, Carlos? Suéltame, no mames," dijo Nikky.

"No, no te voy a soltar. Por lo menos no hasta que te dé tu merecido por irrespetuoso," contestó Carlos.

"¿Irrespetuoso por qué? Era sin regl- ¡¡¡oooouuuuuuuuuuuuuughhh!!!" gritó Nikky cuando recibió un derechazo sólido en los huevos. "¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Alguien ayudem- ¡OOOUUGHHH!" Carlos le dio dos golpes más seguidos.

"Cállate, nadie te puede escuchar comoquiera. Si sigues gritando te voy a tener que tapar la boca. Ahora aguántate como hombrecito." Terminando esa frase le pegó tres veces más en los huevos con combinación izquierda, derecha, izquierda.

Nikky gritó y gritó de dolor. Los movimientos que hacía para tratar de soltarse solo lograban que el saco al que estaba amarrado se moviera un poco. Una cadena salía de la base del saco hacia abajo y evitaba que se balanceara.

Carlos comenzó a golpearlo en el estómago. Le dio puñetazos durante 30 segundos seguidos. En cada uno Nikky soltaba un ¡umph! y trataba de ahogar sus gritos. Cuando Carlos se detuvo Nikky comenzó a respirar aceleradamente, solo para detenerse cuando recibió otro par de golpes en los huevos, y su abdomen se contrajo de dolor.

"¿Te parece bien que se permitan golpes bajos en el box ahora?" preguntó Carlos. "¿Crees que los boxeadores se deben de aguantar el dolor?"

"No, perdón, no está bien, suéltame por favor."

"No."

Carlos se acercó a Nikky y le dio un rodillazo fuerte justo entre sus piernas. Nikky comenzó a llorar.

"Awww. Le dolió al niñito."

Carlos se quitó uno de sus guantes, el izquierdo. Acercó esa mano al paquete de Nikky y lo palpó. "Creo que se te inflamaron los huevos." Acto seguido agarró el paquete de Nikky rodeándolo con su mano mientras la cerraba y estirándolo hacia él. Nikky quedó completamente arqueado con los huevos en la mano de su enemigo. El dolor era casi insoportable. Nunca le habían estirado el paquete lejos de su ingle. Se veía redondo y grande. Vio con ojos llorosos cómo la mano derecha de Carlos, la que todavía tenía el guante puesto, tomaba impulso y caía de lleno en su paquete comprometido.

Un trueno de dolor le recorrió todo el cuerpo y comenzó a gritar otra vez. Carlos repitió el movimiento cuatro veces más. El último golpe dejó su guante en el paquete y simplemente aplicó presión. Escuchó con placer como Nikky gritaba mientras sus huevos se aplastaban entre el puño cerrado de Carlos y su guante de box. Carlos movía ligeramente el guante tratando de aplastar todo el paquete completo.

Nikky gritó y gritó. Carlos lo soltó y Nikky regresó a su posicion original, solo para recibir la planta de la bota de Carlos en su paquete lastimado, mientras Carlos aplicar presión otra vez. "Creo que no vas a poder coger este mes, mi querido Nikky. Pero todo esto es para que aprendas a respetar a los compatriotas. La próxima vez, apuéstale al mexicano." Terminando de decir eso quitó su bota del paquete, luego se acercó y con su mano izquierda le agarró los huevos y comenzó a apretarlos, aplicando poco a poco más presión.

"¿Verdad que le vas a apostar al boxeador local?" preguntó sádicamente Carlos mientras aplicaba más presión.

"Si," dijo Nikky llorando, "sí por favor suéltame. ¡Aahhh!"

Carlos le dio un último apretón que hizo gemir a Nikky, luego lo soltó y le dio un puñetazo más con su guante. Nikky volvió a gritar y bajó su cabeza esperando no recibir más golpes.

Carlos caminó atrás del saco y comenzó a desatarlo. Con solo un movimiento de los lazos el nudo que unía todo se deshizo y Nikky cayó al suelo. Carlos se acercó a él y se sentó en sus piernas mientras deshacía todos los otros nudos con los que había amarrado las manos y piernas de Nikky.

Por fin lo soltó por completo y Nikky solo pudo encogerse y poner sus manos entre sus piernas. El dolor de Nikky era indescriptible. No se movió durante algunos segundos. Luego Carlos se acercó a él con la mochila que había llevado. La dejó caer a un lado de Nikky y le dijo: "Lárgate de mi casa."

(para ver fotos la historia con fotos: http://luchayfaules.blogspot.mx/2018/02/sparring-con-el-millonario.html )

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Last edited on 2/21/2018 11:50 PM by vuvuser; 0 comment(s);
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2/12/2018

De vuelta al GYM


Lo peor de dejar de entrenar es intentar volver a la rutina de hacer ejercicio. Habían pasado tres semanas desde la última vez que había ido a entrenar al gimnasio. Tres semanas desde que me habían hecho una semi vasectomía. Mis partes nobles ya estaban recuperadas al cien por ciento, pero tengo que admitir que sí me preocupé al siguiente día de la lucha en la que Teo, uno de los luchadores más fuertes y más sucios que entrenaban en mi gimnasio, junto con su amigo Conan, nos habían vencido de la manera más humillante en una lucha de parejas. Mis testículos habían sido sus víctimas favoritas. Dos rodillazos, patadas, incontables golpes y varios apretones me habían dejado con los huevos hinchados y caminando con las piernas abiertas más de dos días.

(Roger Huerta (vuser) en el gimnasio: http://towleroad.typepad.com/.a/6a00d8341c730253ef01310fd6bfd7970c-800wi )

Por fortuna todo estaba bien, al parecer. Apenas pude, me masturbé para asegurarme que funcionara todo. El siguiente sábado no perdí oportunidad de invitar a mi amiga Amanda, sabiendo que no dejaba pasar una sola verga que estuviera dispuesta a atravesarla. El resultado: algo incomodo al principio, algo sensible, pero todo se desempeñó a la perfección. Al parecer Teo no mentía cuando me dijo que no me iba a lastimar. Mi paquete había superado una dura prueba.

Entonces después de descansar de todos los otros golpes que recibí, volví a entrenar ese lunes. Aleks, mi coach, me saludó con un abrazo. "Vaya, volvió el hijo pródigo," me dijo cuando entré. Ya sabía lo que me había pasado, porque después de una semana sin acercarme al gimnasio, me mandó un mensaje de texto para asegurarse de que yo estaba bien.

(Aleks se parece a Luke Rockhold de la UFC. [IMAGE:http://gazettereview.com/wp-content/uploads/2017/07/rockhold-2-696x722.jpg] )

"Ahora sí, vengo a recuperar la fuerza perdida," le dije.

"¿O sea los huevos que te faltan?" dijo burlándose. Mi manera de voltear a verlo fue lo único que necesitó para entender el '¡cállate, pendejo!' que le quería decir.

"Bueno por lo menos sigues igual de chistoso, hijo de tu puta madre," a ver si no se me escapa sin querer una ligera patada, la próxima vez que entrenemos," le dije jugando, y él rió.

"¿Qué te parece si te enseño algo que te ayude a soportar una lucha como la que tuviste?" me preguntó seriamente. La manera en que lo dijo me llenó de curiosidad.

"¿A qué te refieres con eso?" pregunté.

"Pues mira, hace como 15 años, un coach mío, brasileño, me entrenó con unas técnicas diferentes, para ayudarme a ser más elástico, más fuerte y a soportar más el dolor," me contó. "Si quieres te puedo entrenar con esas técnicas, creo que te puede ayudar, y con lo que te hicieron la lucha pasada, creo que te conviene."

"Ok," dije más como pregunta que como afirmación. "¿Y de qué va ese entrenamiento? No me vas a poner a encerar tu carro, ¿verdad?"

"No seas pendejo. Voy a requerir que te prepares, y necesito enseñarte esto un día que no haya nadie," me dijo. Y yo no pude evitar burlarme.

"Creo que mejor voy a contárselo a quien más confianza le tenga, y ojo, mucho ojo eh, pip, pip, pip, pip," le contesté, burlándome de la parecida situación que salía en los anuncios de Cuidate a Ti Mismo, de los años 90's.

"Ahora el que te va a deshuevar por chistosito soy yo," me contestó. "Te voy a poner ejercicios de elasticidad toda la semana, para que te prepares, y el sábado que no haya nadie te veo aquí. Ese día necesito tener disponible buena parte del equipo, y espacio también. No conviene que haya gente. Pero aparte necesito que tus músculos se aclimaten. Entonces, órale, ponte a jalar." Yo le hice caso y me puse a calentar.

Justo como dijo Aleks, toda la semana estuve haciendo ejercicios de elasticidad y fuerza. Estuve colgándome de barras haciendo pull ups, crucé el gimnasio parado de manos como diez veces y el resto de los ejercicios fueron prácticamente clases de yoga. Al final de la semana sentía en mi cuerpo un placentero dolor de músculos que me recordaron todo los los ejercicios que practiqué. Quería ir a que me dieran un masaje para descargar los múculos, pero Aleks me lo prohibió, y me arrepentí de haberle hecho el comentario, si no le digo no se hubiera enterado, o eso creo.

Llegó el sábado. Cuando entré al gimnasio no había llegado Aleks, pero noté que habían movido algunas cosas y había algo más que me parecía raro, pero no lograba identificar qué era. Llegó Aleks . Venia vestido con sus shorts de combate, lo que me desconcertó.

"Qué ha habido, Vuser. Ponte a calentar," me dijo sin más. Me sorprendió lo seco del comentario, pero como fue una órden clara y él era mi coach, lo obedecí sin cuestionar. Es cierto que somos amigos y a veces se me olvida la verdadera relación por la que empezó esta amistad, pero no me molestaba nunca cuando dejaba claro que estaba en su rol de entrenador y no de camarada. Me puse a calentar.

Había estado entrenando con mis shorts ajustados de lycra, y ese día no fue la excepción. Me quité la camisa y los tennis y comencé a estirarme. No pude evitar ver lo que hacía Aleks; se había acercado a los dos postes principales que soportaban las barras para hacer pull ups. Había cuatro cuerdas colgando en los postes, una en la parte superior y una en la parte inferior de cada poste; eso era lo que me había parecido raro y que no había podido identificar. Aleks apareció de detrás de unas cajas con más cuerdas en sus manos. Ver esto me dio mala espina, pero confiaba en Aleks, en casi un años y medio de entrenar con él se había convertido en una de las personas en quien más confiaba.

“¿Ya calentaste?” me preguntó otra vez de manera seca.

“Si,” contesté.

“Calienta bien, este no va a ser un entrenamiento normal,” dijo Aleks mientras llevaba sus cuerdas a donde estaban las llantas de entrenamiento.

Yo seguí calentando hasta que me sentí confiado de que ya estaba listo. “¿Ya?” le dije a Aleks, un poco desesperado.

“Sí,” contestó, “ven acá. Este no es en sí un entrenamiento. Es más bien una terapia. Hoy vas a salir de aquí teniendo mucha más tolerancia al dolor y tus músculos van a ganar mucha resistencia en poco tiempo. Lo primero que voy a hacer es amarrarte a esta llanta.”

“¿Qué? ¿Estás jugando?” pregunté, y Aleks me contestó con una mirada que claramente decía ‘no’.

Me acerqué a él. Tenia la cuerda en su mano. Había hecho un arnés a base de nudos que dejaba cuatro extremidades que entendí eran para mis pies y manos. Le pregunté qué quería que hiciera y me dijo que me colocara con la espalda a la gigante llanta de tractor que usábamos para hacer ejercicios de fuerza. Me tomó de las manos y sentí que las amarró con las cuerdas, luego las levantó arriba de mi cabeza y me empujó para que mi espalda quedara pegada a la llanta. Después se colocó el otro lado y jaló las cuerdas, esto hizo que yo me recostara en la llanta a medida que esta giraba y me levantaba del suelo. Este movimiento y la posición en la que me dejaba era muy incómodos, pero no me quise quejar. Cuando estaba ya totalmente encima de la llanta mis pies colgaban en uno de los lados. Aleks pasó la cuerda por el hueco del rin y amarró mis pies con ella. Después ajustó los nudos del arnés para apretarla, cada vez más.

“¡Auch!” se me escapó cuando ya sentía dolor.

“Abre la boca,” me ordenó Aleks, y metió un protector bucal cuando obedecí. “Muerde,” otra vez obedecí. Y justo después sentí que pegaba cinta adhesiva en mi boca de manera que no podía escupir el protector. Mis gemidos delataban mi inconformidad.

“Cállate,” dijo Aleks. “No te voy a mentir, esto te va a doler, pero tienes que confiar en mí: te va a ayudar.” Hizo girar un poco la llanta de manera que quedé viendo hacia el frente totalmente abierto de piernas y brazos, y no pude reaccionar cuando Aleks sacó un bastón largo, que parecía de bamboo o de caña de azúcar, y me dio un fuerte golpe en el pecho.

“¡¡¡¡MMMMMGGGHHHHHHH!!!!” fue lo único que pude emitir, cuando un segundo golpe me quemó el pecho de nuevo. Luego un tercer golpe me dio en el abdomen, y ese también se repitió. Cada golpe me hacía gemir de dolor.

“Respira,” fue lo único que me dijo.

'Respira fundo', le dijo João a Aleks aquella vez. Fue la primera vez que lo sometió a esto, pero no sería la última. João le dijo que era la última parte de su entrenamiento de seis meses. Durante esos meses lo había convertido en un luchador musculoso y atlético. El cambio había sido impresionante, y la última sesión era esta. Amarrado a una llanta, totalmente inmovilizado y con solo la ropa interior de entrenamiento que llevaba puesta. Cuando João comenzó a golpearlo, no sabía si era un castigo. Tenía solo 20 años y estaba confundido. Soportó el dolor lo mejor que pudo, quería impresionar a su entrenador. Cada golpe le dolía como nada que hubiera sentido antes, pero ahogó sus gritos. Incluso sin el bozal que tenia puesto no hubiera soltado ni un gemido... por lo menos hasta entonces.

(Aleks de chico; [IMAGE:https://cdn.vox-cdn.com/thumbor/hJ48yS-lcmS1sRZr0J5pedV5Zlo=/0x0:640x427/1520x1013/filters:focal(0x0:640x427):format(webp)/cdn.vox-cdn.com/uploads/chorus_image/image/26784067/luke.0.jpg] )

El bastón iba bajando poco a poco con cada golpe que recibía. Cuando recibí un golpe en el vientre, a milímetros de mis partes nobles me asusté. Supliqué a todos los dioses que no me fuera a golpear mi paquete. Empecé a decir que no violentamente, sin que la palabra pudiera salir de mi boca. Me puse muy nervioso. Viendo hacia abajo con mis ojos sentí el sudor en mi frente esperando inevitablemente sentir ese intensísimo dolor en mis genitales. Recibí otro golpe en el vientre, justo arriba de la base de mi verga, y Aleks paró. Yo respiré de alivio. No quería llorar enfrente de Aleks, pero sabía que si me golpeaba en los huevos sería inevitable. No estaba preparado para volver a ese tipo de tortura que me había dejado muy intranquilo.

Aleks se acercó de frente a mí y examinó mi cara. Me vio de frente a los ojos como si me estuviera inspeccionando. Luego relajó las cejas e hizo una mueca que parecía una sonrisa, pero sin mostrar los dientes. No dijo nada, y yo no sabia si se reia de mi o aprobaba mi conducta. Se alejó un poco de mí. No tuve que esperar mucho para volver a sentir el primer golpe en mi pecho.

Aleks recordó cada golpe como cuando le hicieron esto a él. 'João no se detuvo ahi,' pensó Aleks. 'Él sí siguió bajando, solo unos pocos centímetros cada golpe'. Cuando sintió el agudo golpe del bastón en la base de la verga, Aleks quiso gritar y retorcerse de dolor. El segundo golpe, ya de lleno en su miembro, fue aun peor. El tercer golpe le dio en la punta de la verga y en los testículos por igual. Aleks empezó a llorar. Quería que João dejara de golpearlo de inmediato. Ya no quería saber nada de esa terapia. Sus gritos ahogados por el bozal se escuchaban fortísimo. Vio el bastón subir otra vez y quiso romper las cuerdas que lo sostenían. El último golpe lo recibieron los huevos solamente, y Aleks se desmayó.

Repitió sobre mí la misma rutina de golpes tres veces más, desde la parte superior de mi pecho hasta el bajo vientre deteniéndose justo antes de llegar al que sería el castigo extremo. Yo me acostumbré al ardor de los golpes. La última vez que golpeó mi tronco yo no sentía dolor. Por fin dejó el bastón a un lado, y recogió un rodillo de plástico. Con él masajeó todos los músculos que acababa de golpear. Pasó el rodillo por todo mi tronco deteniéndose en mi cuello y donde empezaba mi bulto, haciendo una pequeña pausa ahí, y asegurándose que presionaba bien los músculos. Ese ritual también fue doloroso, sentía mis músculos muy sensibles.

Cuando terminó desamarró mis pies y manos. Me quitó el protector bucal, se volteó y me dijo “descansa cinco minutos”. No sabía qué esperar después de los 5 minutos, pero no me atreví a preguntar. Pasé mis manos por mi pecho y abdomen. Se sentía diferente. Se sentía duro. Dolía, sí, pero no era un dolor insoportable. Algo había cambiado, como si me hubieran puesto un refuerzo entre mis músculos y mi piel. Veía las fibras marcarse en mi cuerpo; mis músculos estaban más fuertes, no cabía duda.

'Descanse dez minutos, Aleks', le dijo João. Aleks no se levantó después de 10 minutos. 'Seus músculos ficam mais fortes, seus testículos mais resistentes. Agora, se você receber um soco no saco, não vai machucar tanto.' Las explicaciones de João no le daba mucho consuelo. Aleks no podia pararse bien. Antes de que pudiera reaccionar, João lo tomó del brazo y lo llevó a donde estaban dos postes con cuerdas colgando de poleas. João lo tomó del brazo derecho y lo ató con el brazalete de cuero que tenia la cuerda en el extremo.

“Ven acá,” me dijo, y supuse que los 5 minutos se habían terminado. Me llevó a los postes de donde se anclaban las barras de ejercicios gimnásticos, vi de nuevo las cuatro cuerdas sujetas a los postes. Vi algo que no había visto antes, en los extremos de las cuerdas había muñequeras de cuero ajustables con hebillas. Sentí un escalofrío.

Aleks me tomó del brazo, agarró una muñequera y la ajustó en mi mano izquierda. Luego hizo lo mismo con la derecha y luego con cada talón. Se alejó y tomó dos de los extremos de las cuerdas, los que se ajustaban a mis manos. Los estiró, fuerte, y quedé colgado en posición de Cristo. Aseguró las dos cuerdas en un peso muerto enfrente de mí y siguió con las cuerdas de los pies. Esto no me gustaba nada. Estiró las cuerdas hasta que estuvo completamente abierto de brazos y piernas. Cuando las cuatro cuerdas estuvieron amarradas al peso muerto yo estaba en el aire, estirado de mis cuatro extremidades con un dolor casi insoportable.

Estaba amarrado tal cual como Jean Claude Van Damme en Blood Sport. Comenzó a golpear mis brazos, así como había hecho antes. Parte por parte golpeó desde mi antebrazo hasta mi hombro, de cada lado. Los golpes eran igual de fuertes que los que había recibido en mi tronco. Lo que más me dolió fue cuando golpeó el tendón distal del bicep. Fue un dolor muy agudo que pensé que me iba a reventar la fibra. Por fin terminó de golpear mis dos brazos y continuó con mis piernas. Comenzó por los talones, y de nuevo avanzó hacia mi cuerpo, algunos centímetros a la vez. Luego golpeó mis chamorros y siguió hasta mis ingles, evitando mis huevos por milímetros. Cuando golpeaba mi otra pierna, uno de esos peligrosos golpes cercanos a mis partes nobles alcanzó a rozar mi bulto. El protector bucal amortiguó mi grito. No me dolió mucho, pero solo el recuerdo de esa humillación, y el hecho de estar amarrado de piernas abiertas, vulnerable a lo que Aleks quisiera hacer conmigo, hacía qué mis testículos intentarán esconderse dentro de mi cuerpo.

Aleks estaba totalmente estirado con las piernas en un split perfecto. Su bulto sobresalía hacia abajo justo a la mitad de su cuerpo. El primer golpe que recibió fue en una mejilla, y le dejó una marca color rojo intenso. Después siguieron sus piernas. João comenzó con su pierna izquierda, y lentamente le fue dando golpes avanzando hacia los muslos. Aleks trató de no pensar en el momento que el bastón llegaría a la mitad del trayecto. Pero al llegar a su ingle João se detuvo y cambio de pierna, empezando otra vez por el talón, siguiendo con el chamorro derecho. De nuevo llegó a su ingle y se detuvo. Aleks esperaba el golpe certero a sus testículos, pero esto no sucedió. Continuó con los brazos y Aleks se tranquilizó. Pero después de que sus brazos fueran azotados por completo, João se acercó y se puso justo frente a él. Aleks sintió que lo agarraba de su paquete, y luego sintió que algo le aplicaba presión alrededor de su bulto sobre la ropa interior que tenía puesta. João le había puesto una mordaza hecha con dos piezas delgadas de bambú unidos con ligas. Su verga y sus testículos estaban atrapados y debido a los golpes anteriores, solo tener la mordaza puesta le causaba un fuerte dolor. João se alejó un poco, tomó el bastón de bambú y le dio un fuerte golpe en su ya sensible bulto. Aleks trató de gritar, aventó su cabeza para atrás, los ojos rodaron hacia atrás de sus párpados, y volvió a perder el conocimiento.

Aleks se dió cuenta que había estado a punto de golpearme en mis genitales, y fue más cuidadoso después de eso. Golpeó cada centímetro cuadrado de mis músculos sin tocar mis huevos. Brazos, piernas y espalda terminaron machacados por su bastón, y después masajeados por su rodillo. Cuando terminó de golpear mi cuerpo por cuarta vez, soltó las cuerdas. Mis músculos se relajaron. Caí al suelo lentamente mientras Aleks soltaba las cuerdas poco a poco. Mientras me liberaba de la tensión sentí el cambio inmediatamente. Mis brazos y mis piernas se sentían fuertes y flexibles, más que antes, mucho más. Encogí mis brazos y toqué con cada una de mis manos el hombro contrario. Encogí mis piernas también y abracé mis rodillas. Todo mi cuerpo estaba adolorido, pero sentía como si hubiera aumentado su tamaño.

"Ponte a estirar, y te voy a dar una crema para que te la pongas llegando a tu casa," dijo Aleks mientras se alejaba a su locker.

Me puse a estirar y sentí mis músculos arder. Cada ejercicio de estiramiento que hacía me indicaba que tenia un músculo que no conocía, y que sentía dolor. Sin embargo también sentía la nueva fuerza que habían ganado. Se sentían duros, como si tuvieran una costra que se hubiera solidificado. No podía esperar a luchar de nuevo para probar mi nueva fuerza.

Aleks regresó con la pomada que había mencionado antes. Estiró su brazo y me la dio. “Te vas a poner una capa delgada de esto en todo tu cuerpo,” me dijo, “y te vas a bañar con agua fría. ¿Cómo te siente?”

“Pues me duele todo el cuerpo, pero siento los músculos muy fuertes. Sí funciona esto, eh. Estoy sorprendido.”

“Claro que funciona, por eso lo hice. Y no te duele todo el cuerpo, casi todo, pero no todo. Te evité un dolor muy grande, y creo que ya sabes a qué me refiero.”

“Sí, ya sé. Y estoy muy agradecido. No hubiera soportado otra tortura como la de hace tres semanas.”

“Justo por eso te lo evité. Creo que ya soportaste lo que tenías que soportar ahí abajo. Porque aunque los testículos no son músculos, sentir el dolor te ayuda a soportarlo en el futuro.”

No pude evitar preguntarle, “Aleks, ¿quién te enseñó esto?”

Aleks me miró un momento, como si estuviera pensando en lo que me iba a decir, y luego me habló: "Mi entrenador me hizo esto también," y comenzó a contarme lo que había pasado...

Aleks tenía 19 años cuando su coach, João, lo descubrió en una clínica de tae kwon do. Le vio potencial como luchador y lo invitó a entrenar con él. Aleks siendo un niño casi de la calle no tuvo que pedir permiso. Sus papás no se ocupaban de él, vivía con su abuela, que trabajó para mantenerlo. Aleks ahora trataba de mantener a su abuela, pero su trabajo no le daba suficiente dinero, por lo que entrenaba para ganar una beca.

João le propuso entrenarlo sin cobrarle, y a cambio, Aleks se comprometía a combatir en torneos de mma, y le pagaría con el 40% de lo que Aleks ganara. Teniendo pocas opciones para generar dinero, Aleks accedió.

João le dio un programa de trabajo. Le puso rutinas de fortalecimiento, y lo entrenó en artes marciales. Trabajó su musculatura y su condición física. En menos de 12 meses Aleks ya era otro completamente. Pero João no tenía planes de detenerse ahí. Necesitaba que Aleks ganara los torneos para que rindiera frutos su inversión. Fue entonces cuando comenzó con la terapia de endurecimiento de músculos.

Aleks despertó cuando João estaba usando el rodillo de plástico en su espalda. El dolor era apenas soportable. Cuando recordó lo que le estaba haciendo se enfocó en la sensación de su entrepierna. La mordaza seguía alrededor de su hombría. Podía sentir la presión en su bulto. João no había sentido nada de compasión.

Siguió sintiendo el rodillo machacar sus músculos. Sus piernas. Cuando llegó a su paquete, no se detuvo. Presionó el rodillo en sus huevos. Aleks comenzó a gritar, pero tenía puesto el bozal que le impedía liberar el llanto. Su cara estaba totalmente roja, sus ojos cerrados con fuerza. João volvió a pasar el rodillo por sus genitales una vez más, y otra vez y otra vez. Aleks no se desmayó, pero el dolor se volvió insoportable.

“Mi coach no me ahorró el dolor en los testículos,” me dijo Aleks. “Quería que fuera capaz de soportar todo en una lucha, incluso los golpes bajos. Esto que te hice me lo hizo él a mí durante cinco años. Cada cuatro meses me azotaba los músculos y los huevos.”

“¿Qué? ¿Cómo soportaste?” le pregunté muy sorprendido. Por un momento sentí mucha lástima por mi coach.

“Cada vez dolía menos. Mis músculos se hacían más fuertes, y soportaba más la tortura. Al final del quinto año me podías dar un martillazo en los huevos y yo te hubiera matado a golpes al siguiente segundo.” Yo no lo podía creer. No quería ni pensar que me hicieran eso a mí.

Quería saber más sobre los métodos extremos de su entrenador, pero me intrigaba más la salud de Aleks.

“Aleks, perdón por la pregunta, pero ¿no te causó algún daño grave? Digo, si te pegaba como me pegaste a mí, y si ya no sientes dolor, ¿no te preocupa que..?”

“Lo que te cuento pasó hace más de diez años, Vuser. Terminó hace más de diez años. La terapia necesitaba un poco más para hacerse irreversible. Afortunadamente pude escaparme de João. Si me pateas en los huevos hoy, me va a doler igual que a ti.”

“Ah,” fue lo único que pude contestar. No sabía que decir. “Me da gusto,” dije sin detenerme a pensar que no era la mejor respuesta.

“Hay muchas cosas que no sabes de mí, Vuser,” me dijo. “Ponte la crema. Descansa. El lunes nos vemos aquí. Hay más cosas que te voy a enseñar.”

Me dio la mano, y luego un abrazo. Sentí cada parte de sus brazos en mis hombros y mi espalda. Recogí mis cosas, y salí del gimnasio.

João por fin soltó a Aleks. Se quedó tirado. Tenía lágrimas secándose en su rostro. El dolor no se mitigó hasta dos horas después. Aleks ni se dio cuenta cuando João salió. Lo dejo solo ese día, y cada día de la terapia. Aleks ganó todos los torneos después de su décima sesión. Ganaba fuerza, ganaba resistencia, y perdía dignidad.

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1/24/2018

La lucha de parejas en la que me destrozaron Parte 3/3


Conan tomó las esposas que había sacado de su mochila, se acercó al Turco, lo llevó al esquinero, y le esposó las manos en el tensor de la segunda cuerda. El Turco estaba inmovilizado, sentado en la esquina con sus brazos esposados sobre su cabeza. Ya no había nada que pudiera hacer para ayudarme. Conan se acercó a mí. Teo se levantó solo para que Conan me tomara de los brazos y los inmovilizara sobre mi cabeza. Estaba tirado sin poder moverme. Conan puso su rodilla justo sobre mis bíceps, el dolor ya era considerable entonces. Teo pateó mis piernas para que quedaran abiertas. Yo enseguida las junté porque suponía lo que planeaba. Traté de encogerme pero Teo me dio un puntapié en la espalda. Me arqueé y enseguida puso su bota en mi vientre bajo y me obligó a quedar completamente de espaldas en la lona para después sentarse en mis muslos. Se acomodó para que mis piernas quedaran ligeramente separadas y metió la mano dentro del short por la abertura de una de las piernas. Llegó hasta mi paquete y lo palpó para encontrar los huevos. Yo veía cómo mi bulto se movía, aunque en realidad era la mano de Teo bajo mis shorts buscando su objetivo.

"Mucho mejor. Esos shorts de lycra que tienes debajo me dejan trabajar a gusto." Con eso dio un fuerte apretón a mi paquete. Uno de los huevos se escapó por lo que la mayor parte del castigo lo sufrió mi testículo derecho. El dolor era insoportable. Luego con esa mano volvió a buscar los testículos pero en vez de apretarlos, los amarró con su mano. Un bulto grande se levantó por debajo de mis shorts grises, ese sí era mi paquete. Y de repente su otra mano se convirtió en un puño y golpeó el bulto con todas sus fuerzas. Creí que me iba a desmayar, mi cuerpo se convulsionó tratando de liberarse sin éxito. Mi cara cambió de color; mi gesto era de pánico absoluto.

"Por favor, Teo, no más, por favor, me rindo, me vas a lastimar," dije con el poco aliento que me quedaba.

"No te preocupes Vuser, yo sé cuánta tortura soportan los testículos sin causar daños severos, soy urólogo cabrón, confía en mí." Teo guiño un ojo y dejó caer su puño otra vez en mi paquete.

"AAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH," grité con todas mis fuerzas.

Me soltaron y me dejaron tirado. Confiaban en que no me iba a mover en un buen rato. Era el turno del Turco. Cuando se acercaron el Turco estaba intentando de alguna manera liberarse de las esposas.

“No mames, Turco, ¿cómo te piensas quitar eso?” dijo Conan, y en seguida le dio un puntapié en el muslo para tratar de tirarlo. Cuando eso no sucedió lo pateo otra vez y otra vez hasta que cayó en la lona. Teo se acercó a él y le dio una cachetada como lo había hecho conmigo. Luego lo pateo dos veces en el abdomen. Mi pobre amigo estaba sentado en el esquinero con las manos esposadas sobre su cabeza, y yo no podía ayudarlo. Lo que siguió fue lo que Teo hace mejor, puso su bota en el paquete de del Turco y empezó a ponerle presión. Según lo que me contó el Turco eso no le dolió tanto porque los huevos se movían y la verga aguanta más castigo. Teo se agarró de las cuerdas superiores para poner más presión en la entrepierna del Turco. Le aplastó los huevos alrededor de 30 segundos, moviendo su bota y torciéndola para tratar de causar más dolor, aunque en realidad no lo estaba lastimando tanto. Pero lo que sí le dolió fue en el puntapié que le propinaron justo después. El Turco quedó viendo hacia el piso con las piernas juntas para tratar de evitar otra patada. Teo le agarró la cara por la quijada para que lo viera a la cara.

"Parece que no pones mucha resistencia, trapo," le dijo Teo. Lo soltó y fue hacia su mochila. Volvió con Conan a su lado y una larga cuerda. Al parecer no era suficiente inmovilizar las manos del Turco, tomaron una de sus piernas y trataron de acercarla a la cuerda baja del ring para amarrar su talón ahí. Cuando el Turco se dio cuenta de esto y trató de evitarlo, Conan le dio un puñetazo en el estómago, lo que hizo que encogiera sus piernas instintivamente, pero después perdió fuerzas y lograron su cometido. Lo mismo pasó con su otra pierna, pero para esto Conan lo agarró de los huevos y empezó a apretar hasta que el Turco gritó y perdió las fuerzas para resistirse.

Totalmente inmovilizado, esposado de las manos y amarrado de los pies, mi amigo estaba totalmente expuesto a más tortura y humillación.

Estaban los dos de frente a su víctima. Empezaron a repartirse los castigos que le iba a aplicar cuando el Turco empezó a moverse para tratar de quitar el amarre de uno de sus pies. Supongo que lo estaba logrando porque Conan se acercó a uno de los nudos para ajustarlo, se agachó con las piernas separadas y Teo se puso de frente al Turco para decirle lo que le iban a a hacer. Ninguno de los dos se dio cuenta de que yo me había puesto de pie a pesar del dolor. Me acerqué sin hacer ruido y evalué lo que podía hacer. Decidí arriesgarme y tratar de tumbarlos a los dos. Tomé impulso y le di una patada a Conan entre las piernas con todas mis fuerzas. Conan se cayó al suelo con un fuerte “¡oooooouuugghhhhh!” Inmediatamente puse una rodilla en el suelo mientras Teo reaccionaba y volteaba su cuerpo. Con la fuerza que me quedaba solté un uppercut con mi puño directo en sus huevos. Mi puño se hundió en su paquete, sentí como su bulto se machacaba. Igual que Conan, soltó un grito de dolor y se llevó las manos al paquete. Con mis dos rivales en el suelo pensé que lo mejor era deshacerme de uno antes de tratar de ayudar al Turco. El que mejor estaba en posición de dominar era Teo, que estaba de rodillas. Lo rodeé y lo tomé del cuello. Cinco segundos después estaba inconsciente en la lona. De puro coraje le di una patada en los huevos, y aunque no la sintió en ese momento, yo me sentí muy bien de dársela.

Luego me acerqué a Conan, pero ya se estaba recuperando de la patada que le di, por lo que no pude someterlo tan fácilmente. Primero traté de tomarlo por el cuello por detrás como había hecho con Teo, pero Conan es muy ágil y giró su cuerpo para evitarlo. Se levantó y empezamos a rodearnos tratando de encontrar una oportunidad de atacar. Le solté una patada sin lograr golpearlo, pero luego él intentó lo mismo y pude detenerle el pie. Lo sostuve y lo tumbé a la lona. Traté de darle otro golpe bajo, aprovechando que esa zona estaba sensible, pero no logré acomodarlo, por lo que aproveché que se protegía sus partes blandas para tomarlo del cuello y presionar su trapecio con mi pulgar. Este castigo fue muy efectivo porque inmediatamente dejó de poner resistencia. Entonces lo agarré del paquete que se veía muy bien definido por sus pantalones de tela ajustados, y apreté con fuerza. Conan soltó un grito. Tuve que repetir el apretón porque cuando comencé a poner fuerza los testículos se escaparon de mi mano. Conan soltó otro grito con el segundo apretón y trató de tomarme del pelo, pero yo apreté con más fuerza, y esta vez los testículos no se escaparon por lo que recibieron toda la presión que puse. Conan retiró sus manos en posición de rendición y me pidió que lo soltara.

"Me rindo, me rindo, Vuser, suéltame por favor," me dijo.

"¿Dónde está la llave de las esposas?" le pregunté sin soltarlo.

"No sé, AAAAAHHHHHH" le apreté con más fuerza los huevos.

"Dime cabrón," le di un golpe en el estómago para castigarlo más.

"En la mochila, en la mochila, ya, ya por favor," me dijo con los ojos cerrados de dolor y sus manos abiertas sobre la mano que le estrujaba su paquete. Yo lo solté pero inmediatamente le di un puñetazo en la entrepierna para debilitarlo más. Conan gritó y se giro para quedar en su costado agarrándose los huevos.

Me levanté para ir a donde estaba el Turco y él me estaba viendo con cara de preocupación y girando sus ojos. Apenas escuché que me dijo "cuidado" cuando recibí un golpe en la espalda. Teo se había levantado y yo no lo había visto. Me caí de frente y cuando trataba de levantarme sentí una mano que me agarraba de los huevos. El apretón no fue nada compasivo. Levanté el culo por instinto y Teo levantó más su mano. Luego me tomó del hombro con la otra mano y me llevó estrujándome los huevos hasta el esquinero. Me puso con el pecho en la colchoneta de la tercera cuerda y apretó con más fuerza. Solo pude juntar mis piernas y aguantar el castigo.
De repente Conan apareció frente a mi cara, del otro lado del poste. Yo tenía mis manos sobre la mano de Teo esperando que me soltara para cubrirme, lo que aprovechó Conan para atacar mi cara. Me dio tres cachetadas, luego me tomó de las fosas nasales y levantó mi cara hacia arriba. Luego me retorció las orejas y presionó mis ojos con sus pulgares. Yo ya no sabía qué me dolía más.

Conan se alejó por un momento. Después de lo que pareció una eternidad, Teo me soltó los testículos no sin antes dar un último apretón hasta que mis huevos se escaparon de su mano por la presión; yo caí arrodillado frente al poste sin poder moverme. Teo me tomó de los pectorales por detrás y me pellizcó fuertemente. Me levantó y me estrelló contra el esquinero aplastándome con su cuerpo. luego me volteó para que quedara de frente a él y me sonrió.

"Buen come back, Vuser. Pero no fue suficiente," me dijo en el momento que yo levanté mi rodilla y le di de lleno en los huevos. Teo soltó un grito gutural que delataba el dolor que le causé; se dobló hacia el frente con las manos en sus genitales y dio dos pasos hacia atrás. Pero en el momento que iba a moverme para acercarme a él Conan me tomó de los brazos por fuera del ring, los jaló hacia atrás y hacia abajo y me esposó las manos por debajo del tensor de la segunda cuerda. No tuve ni tiempo de reaccionar, en menos de 10 segundos me encontraba inmovilizado y a merced de estos dos luchadores. La lucha había terminado y habíamos perdido nosotros.

"Vaya, vaya," dijo Teo. "Parece que se les acabó el show. Y todavía quedan 7 minutos antes de que termine la media hora de lucha. No que eso importara, ¿verdad? Porque, bueno, ¿qué pueden hacer ahí amarrados los dos?" Se acercó a mi, con una mano sobando su entrepierna.

"Ja, ja, los vamos a usar de costal de arena," dijo Conan. "¿Con quién empezamos Teo?"

"¡Me diste bien, pinche Vuser! Me las vas a pagar. Pero ahorita vamos a empezar con el Turco para dejar descansar a este," le dijo a Conan y me dio un puñetazo en el estómago que me hubiera hecho doblarme si no hubiera estado esposado.

Se acercaron al Turco que estaba sentado en el esquinero con las piernas abiertas y amarradas cada una a la cuerda baja y con las manos esposadas sobre su cabeza en el tensor de la segunda cuerda.
"Teo no mames, ya nos rendiste, ya nos ganaste. Ya párale," le dijo el Turco, con la esperanza de detener el castigo que seguía.

"Cállate, me quedan menos de diez minutos para hacer lo que quiera con ustedes," dijo Teo mientras caminaba hacia la esquina contraria. Conan solo lo veía. "Y no chilles, que no los vamos a lastimar, solo quiero tener la satisfacción de castigarlos. Tengo que aceptar que tú eres uno de los luchadores que mejor se defiende. Y a Vuser ya le traía ganas desde hace rato. Ya sabes que me gusta usar a los mejores como juguetes."

Terminando de decir eso arrancó en dirección a la esquina donde estaba el Turco y le cayó de sentón en el pecho. Turco dejo escapar un "UMPPFFF" que le sacó el aire. Teo quedó con ambas piernas en cada lado del tórax del Turco. Luego empezó a brincar aplastando al Turco cada vez que caía en sus pectorales.

"¿Qué se siente que te ponga los huevos en la cara, Turquito?" se levantó y dio dos pasos para atrás. "Te toca," le dijo a Conan.

Conan se acercó al turco, se puso en una rodilla y le soltó un duro golpe en el estómago. Después le dio otro golpe, un poco más abajo y luego siguió un golpe en el vientre. Le dio un golpe más justo arriba del paquete, y el último, obviamente lo dejó caer en los huevos del Turco.

Mi amigo trató de juntar las rodillas, pero el amarre en sus talones no lo dejaba. "¿dolió?" le preguntó Conan, y repitió el último golpe. Turco soltó un grito de dolor. Conan le tapó la boca y le dio dos codazos en la cabeza. Luego se levantó y puso un pie en su paquete. El Turco se hizo lo más atrás que pudo. Su espalda estaba pegada a la colchoneta del esquinero. Conan lo siguió con su pie, y una vez que ya no se podía hacer más para atrás comenzó a acomodar la planta de su bota para que aplastara todo el paquete del Turco contra la lona. Levantaba su bota de vez en cuando y la volvía a presionar asegurándose que todo el paquete quedaba debajo de su planta. Yo solo podía escuchar gritar a mi amigo.

Luego se acercó Teo, Conan quitó su bota del bulto del Turco. Teo empezó a patear los muslos expuestos de mi amigo. Primero el izquierdo, luego el derecho, cada vez que los pateaba iba acercándose más a la entrepierna. Estaba jugando el mismo juego que Conan. Por último le dio una patada en cada una de las ingles del Turco, y terminó dándole tres punta pies justo en los testículos.

"Ok, vamos a dejarlo ya," dijo Teo. "O si quieres síguele tú, pero yo quiero aprovechar los últimos minutos con Vuser."

"No, yo también lo quiero deshuevar. Le quiero dar un rodillazo fuerte," dijo Conan.

"Solo le podemos dar un rodillazo más, porque yo le di uno al principio y estuvo duro, no lo queremos lastimar," dijo Teo. "O se lo das tu, o se lo doy yo, pero solo uno. Y a mi me dio un rodillazo hace rato, creo que me lo merezco yo." Conan hizo una mueca de frustración, y luego le respondió:
"¡Chingado! Bueno, dáselo tú. Pero lo que quede de propinarle al Turco me toca a mí."
"Ok, pero primero vamos con este vato," dijo Teo refiriéndose a mí. "Tráete la otra cuerda." Conan se alejó a donde habían dejado sus mochilas.

"Vamos a ver Vuser. ¿Qué clase de apodo es Vuser? en primer lugar," dijo Teo. "Parece nombre de personaje de animación de fiesta infantil." Yo no tenía intención de contestar nada. "Esos shorts que traes puestos se ven muy cómodos para entrenar, pero me estorban mucho para lo que te tengo preparado. ¿Qué tal si te los quitamos?"
"No," dije yo.

"Bueno, esa fue una pregunta retórica," me dijo, y comenzó a bajarme los shorts. Yo me empecé a mover para evitarlo. "Tranquilo, tranquilo, no te voy a violar, carbón." Teo no lograba bajar los shorts debajo de mi cadera, por lo que se empezó a desesperar. Metió su mano dentro de los shorts y me agarró el paquete completo. "Deja de moverte o te va a ir peor, no puedes hacer nada." Yo rodeé a Teo con mis piernas para evitar que me quitara los shorts, pero me dio un fuerte apretón de huevos que me hizo perder fuerza. Apoyé mis pies en la lona con las piernas abiertas, Teo quedó en medio de mí agarrándome el paquete por debajo de los shorts. Luego me jaló hacia él aumentando el dolor. "Conan, ven, ayúdame a quitarle esto a este cabrón."

Conan se acercó y me obligó a quitarme el short de tela de algodón que traía puesto. Al principio intenté poner resistencia, pero Teo me apretó otra vez con fuerza los huevos, esta vez con las dos manos. Junté mis pies y Conan no batalló para retirar mis shorts.

"Ándale, ahora si ya estás listo," me dijo Teo viendo como quedaba con solo los shorts de lycra ajustados que marcaban completamente mi paquete. "Ahora si puedo ver exactamente donde golpear. Estas lycras tienen la red para que te pongas una concha, seguro te da coraje no haberlo hecho, aunque para ahorita ya te la hubiera quitado yo," dijo Teo. "Y déjame que te diga que tienes grandes los huevos, no puedo imaginar cuánto te va a doler." Dijo eso y me soltó. Yo junté inmediatamente los pies y traté de doblarme para cubrirme un poco.
Conan tomó la cuerda que había dejado en el piso mientras me descubrían de mis shorts. Teo me tomó de un pie y lo levantó. "Dale una patada," le dijo a Conan, que obedeció inmediatamente. Me pateó los huevos con suficiente fuerza para hacerme patalear de dolor. Teo acomodó mi pierna en la segunda cuerda y Conan la amarró con fuerza. Luego discutieron si debían amarrar la otra del otro lado, pero decidieron que era mejor solo una.

Conan se acercó a mi cara y la levantó por la barbilla. Comenzó a darme puñetazos en el estomago con su otro brazo. Cuando se cansó me soltó la cara y me dio una cachetada. Luego me pellizcó los pezones un rato. Por último, porque Teo le dijo que le tocaba a él torturarme, me dio un manotazo fuerte justo en el paquete, con el dorsal de su mano. Era increíble pero no me acostumbraba al dolor.

Luego se acercó Teo y comenzó a ahorcarme. Eso no me dolió, y hasta tuve la esperanza de desmayarme, pero no era la intención de Teo. Solo quería verme poner mi cara azul. Luego salió del ring para quedar detrás de mí, pasó su mano entre mis piernas y me agarró el bulto. "Perfecto, ahora si no batallo nada," dijo Teo, refiriéndose a mis shorts de lycra. Jugó con mi paquete un poco mientras acomodaba su mano para tener el mejor agarre y luego apretó jalando mis bolas hacia él. Yo quería doblarme pero mis manos esposadas me causaban dolor cuando lo intentaba.

Del otro lado Conan no tenia más piedad con el Turco. Lo pateaba en el estomago, y luego en los huevos. Luego le daba un puñetazo en el estomago, y otro en los huevos. Le pellizcó los pezones y le pellizco los huevos. También lo jaló del pelo de un lado a otro, moviendo la cabeza del Turco, luego le agarró de los huevos y los empezó a jalar de un lado al otro. "Este rango de jaloneo está más limitado," le dijo al Turco para burlarse. El Turco lloraba.

En mi esquina, Teo levantó la pierna que tenía libre y la acomodó alrededor de la segunda cuerda para que quedaran mis piernas abiertas de par en par. Tenía agarrado mi talón con su mano para que no pudiera moverla. Me dio tres patadas seguidas en los huevos. Luego decidió amarrar la pierna para tener sus manos libres. Quedé totalmente amarrado, abierto de piernas en la esquina. Teo se tiró boca arriba en la lona debajo de mí y usó mi paquete como pera de boxeo. "A ver cuántos golpes aguantas sin gritar, Vuser," dijo Teo mientras comenzaba a golpear mis huevos, "uno, dos, tres" solté un grito de dolor. "Nada más tres, que joto eres." Quería saber cuánto aguantaba sin gritar, una vez que lo hice siguió golpeando. Algunos golpes se pausaba para golpear con más fuerza. Yo gritaba con cada uno.

De repente sonó un timbre. Teo se detuvo.

"Noooooo, se acabaron los 30 minutos," dijo mientras se levantaba de donde estaba. Casi gritaba de alivio. Me mantuve callado para no generar ninguna molestia de mis torturadores.

"¿No podemos seguir un rato?" preguntó Conan.

"No mames, ya califica como tortura esto," dijo Teo. "Trae las llaves para soltarlos.

Conan fue por la llaves a su mochila, y soltó al Turco primero, no sin antes darle un buen puñetazo que aplastó el bulto del Turco contra la lona. Le acomodó el paquete y lo sostuvo con una mano para que no se moviera, luego lo golpeo usando su otro puño como martillo y dejó el puño ahi para aplastar más los huevos contra la lona. El Turco gritó de dolor, y cuando lo soltó Conan, solo se dejó caer hacia un lado cubriéndose el paquete y no se movió.

Luego llegó a donde estaba yo. Me desamarraron las piernas para que pudiera pararme, aunque apenas tenia fuerzas. Me quitó Conan las esposas y tuvieron que ayudarme a pasar los brazos hacia enfrente, me dolían muchísimo los hombros; casi tanto como los huevos.

"Ya se acabó, trapo, ya se acabó. Sobreviviste," me dijo Conan.

"Falta lo último," dijo Teo, y antes de que pudiera reaccionar me dio un fuerte rodillazo entre las piernas. "No podía dejarte sin el rodillazo que me faltaba por vengar."

Solté un grito de dolor. "¡Ooooouuufffff!" No esperaba ese último golpe. Me caí al suelo y me hice bolita. No dejaba de quejarme y respirar tratando de quitarme el dolor.

"Bueno, ya nos vamos nosotros," dijo Teo. "Ahí cierran antes de que se vayan. Tómense un ibuprofeno porque no van a poder pararse ni hoy ni mañana."

"Estuvo buena la lucha," dijo Conan.

"Sí, me gustó," dijo Teo. "Vamos por unas cheves."

Salieron del ring, recogieron sus cosas y se fueron. El Turco y yo nos quedamos tirados mucho tiempo, creo que yo me quedé dormido después de algunos minutos. Cuando por fin me pude levantar el Turco estaba boca arriba con las piernas dobladas y con las manos adentro de sus shorts ajustados. Yo me puse de rodillas sentado en mis talones con las piernas abiertas. Despegué mis shorts de lycra de mi paquete para que no estuviera en contacto con nada. Voltee a ver dentro de mis shorts esperando no ver sangre; no estaba tan mal como se sentía. Mis huevos se veían y se sentían mucho más grandes que su tamaño normal. Estaban hinchados y rojos.
Después de una hora, mas o menos, por fin nos pudimos poner de pie los dos. Yo agarré mis shorts de algodón pero no me los puse. Me puse una camiseta que traía y me desabroché las botas. Llegué con el Turco, que estaba parado con las manos en sus rodillas y viendo hacia el piso, como si fuera a vomitar. Le puse una mano en el hombro y le dije "qué chinga nos pusieron." Turco me volteó a ver, se rió y soltó una última expresión de dolor "aaaaaauuuchhh". Por fin se levantó completamente y comenzamos a caminar hacia la salida. Cada paso era un recordatorio de lo que nos habían hecho.

Juramos ganar la revancha. Pero esperaríamos un buen tiempo. No había prisa, y nuestra hombría no iba a soportar otra tanda de este tipo de lucha. Decidimos descansar las siguientes tres semanas. Seguro Aleks nos iba a extrañar.

FIN

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La lucha de parejas en la que me destrozaron Parte 2/3


Yo seguía en cuatro puntos un poco más aliviado de tanto dolor. Conan llegó por detrás de mí y me cargó con ambos brazos, uno entre mis piernas y el otro en mi pecho. El brazo que me puso en la entrepierna me molestó mucho porque mis huevos estaban muy sensibles, pero su intención no era lastimarme.

Me aventó dentro del ring y rodé una vez para terminar tirado boca arriba. Teo le indicó a Conan que me acercara a él.

"¿Qué pasó, muñecas?" dijo Teo. "No parece que nos estén poniendo una arrastrada."

"'Los trapos' los vamos a llamar de ahora en adelante," dijo Conan, y luego me aplicó una garra en mi abdomen desprotegido.

No recordaba cuánto dolían esos castigos. Quería que el Turco viniera a salvarme otra vez, pero cuando giré mi cabeza para buscarlo vi como Teo lo tenía boca abajo con su rodilla en la espalda y apalancando uno de sus brazos. Instintivamente voltee a ver el cronometro del muro: apenas habían pasado 4 minutos y medio.

La garra que Conan me estaba aplicando en el estómago se volvió menos intensa, o por lo menos así lo sentí yo. El dolor de huevos había disminuido un poco y pensé que si me iba a poder quitar a ese luchador de encima era en ese momento. Solté un golpe con mi antebrazo al pecho de Conan que lo sacó de balance. No me soltó pero claramente le quité intensidad a su castigo. Tuvo que utilizar uno de sus brazos para evitar el siguiente golpe que le lancé y ahí aproveché para impulsarme hacia arriba y derribarlo. Esperaba que Teo no se diera cuenta de esto, para que no me quitara la inercia que había ganado.

Voltee mi cuerpo y quedé sobre Conan que estaba de costado en la lona. Tomé uno de sus brazos y con mucho esfuerzo lo inmovilicé con una de mis piernas. Lo tomé del cuello pero el se giró para quedar boca arriba, yo estaba en una posición muy incomoda en un costado suyo con su brazo todavía amarrado con mi pierna, entonces se me ocurrió hacer una llave alrededor de su cuello con mi otra pierna para inmovilizarlo y poder atacarlo en su abdomen. Empecé a darle golpes directos y trató de cubrirse llevando las rodillas al pecho, lo que aproveché para tomar una de sus piernas y tratar de inmovilizarlo, pero no resultó, y por mi esfuerzo de controlarlo logró zafar su brazo de mi pierna y girar para liberarse completamente. Quedó en posición de cuatro puntos, y yo logre quedar de pie rápidamente por lo que aproveché para darle una patada directa en el estomago que lo hizo girar y quedarse tirado.

Me dirigí hacia Teo para vengarme y liberar al Turco. No quería que el Turco pensara que era un pésimo compañero, tenía que demostrar algo. Pensé en la mejor manera de faulear a Teo pero no estaba en buena posición para hacerlo. Entonces decidí darle una patada por detrás en las costillas que lo hizo soltar al Tuco inmediatamente y girarse. Claramente estaba sorprendido.

Antes de que pudiera reaccionar yo ya estaba encima de él abrazándolo por detrás con brazos y piernas tratando de inmovilizarlo y dándole tiempo al Turco para que se acercara a golpearlo. Teo realmente estaba muy grande y muy fuerte. Nunca lo había tratado de someter y la verdad es que no era algo fácil de hacer. Teo se dejó caer hacia atrás para aplastarme, lo que funcionó porque su espalda me aplastó los huevos que todavía estaban sensibles. Esto no me dolió mucho, pero la estrategia de Teo funcionó, ya no estaba yo en la mejor posición. Por fortuna el Turco sí se recuperó rápidamente y comenzó a patear a Teo en el estómago. Pero esa ventaja no duró mucho tiempo porque Conan también ya se había recuperado y atacó al Turco.

Conan se llevó al Turco tomado por la espalda hacia las cuerdas. El Turco trató de quitarse el abrazo pero no lo logró y terminó de frente a las cuerdas lo que aprovechó Conan para tomar los brazos y estirarlos hacia atrás. El Turco estaba atrapado con la tercera cuerda en las axilas y el pecho. Trató de tirar patadas de filomena pero Conan estaba muy cerca y no tuvieron impacto fuerte.

Yo seguía tratando de controlar a Teo con mis brazos alrededor de su cuello y mis piernas alrededor de su cintura, pero Teo era muy fuerte y alcanzó a girarse para intentar levantarse. Estábamos cerca de uno de los esquineros por lo que Teo lo único que tuvo que hacer fue levantarse un poco e impulsarse de espaldas hacia él para que yo chocara con las colchonetas. Perdí fuerza en mi agarre y antes de que pudiera reaccionar Teo ya estaba levantándose y presionando su cuerpo contra el mío. Me agarro de los pectorales y me levantó al mismo tiempo que él se ponia de pie. Este castigo también estuvo muy bien aplicado y fue muy doloroso. Yo trataba de quitar sus manos pero al ver que no podía intenté darle un rodillazo en la entrepierna, pero él la esquivó aventando el culo para atrás, y mi rodilla quedó en su estomago, y aunque no le pegué fuerte, por lo menos era una palanca que me ayudaba a empujarlo lejos de mi.

"Mira mira, nunca te he visto soltar un golpe bajo en tus luchas. Creo que te estoy mal educando," dijo Teo mientras aplicaba más fuerza contra mis pectorales. Yo grité de dolor y esto pareció gustarle a Teo. Enseguida soltó uno de mis pechos y me dio un fuerte puñetazo en el estomago que me sacó el aire. Me soltó y me caí en la lona. Lo vi alejarse de mí y acercarse a Conan que todavía tenia sometido al Turco en las cuerdas.

"Déjame pasar," le pidió Teo a Conan. Él se movió un poco hacia la derecha dando espacio a Teo para que estuviera directamente detrás del Turco, y metiendo su mando entre las piernas lo agarró de los huevos y lo levantó.

"A ti no te hemos dado tu dotación de humillación, Turquito," le dijo Teo mientras el Turco lanzó un gemido que después de unos segundos se convirtió en un grito. Al escuchar eso voltee a ver lo que pasaba y vi a Teo con la mano entre las piernas del Turco levantándolo y el Turco moviendo sus pies que no alcanzaban a tocar el piso. Cuando me acerqué a su defensa Teo lo soltó y me tomó del cuello. Me aplicó un tirabuzón que me dejó sometido.

"Ven acá Conan, deja al Turco tantito," dijo Teo, y me preocupé un poco por eso. Conan soltó al Turco y antes de que pudiera reaccionar le metió otro golpe de faul con su puño entre las piernas del pobre Turco. Se cayó con las manos entre las piernas y en posición fetal.

Se acercó a donde me tenía Teo con el tirabuzón. "Lo tengo en posición perfecta para que le metas una patada." Teo no tuvo ni qué especificar donde debía de patearme Conan. Alcancé a gritar "no" cuando Conan me dio una buena patada en los huevos que estaban en posición totalmente expuesta. Me retorcí y quise tirarme pero Teo me tenía muy bien detenido. Teo soltó uno de mis brazos e inmediatamente busco agarrarme de los huevos por detrás. El brazo que soltó se fue directo a cubrirme esa área, pero no fue tan rápido, Teo me dio un agarrón que me estrujó todo el paquete, pero no logró agarra los testículos, aunque me dolió de todas maneras porque los huevos se le escaparon cuando trató de cerrar el puño.

"Estos shorts que traes puestos me estorban un poco," dijo Teo mientras me soltaba y yo caía al suelo adolorido con las manos en mis genitales. En seguida, Teo me puso boca arriba y se sentó en mi estomago. Mis brazos quedaron atrapados bajo su peso, pero por lo menos no podía torturarme más los huevos. Aunque lo que siguió no fue más divertido. Me aplico otra vez la garra a los pectorales fuertemente, solo que esta vez no me podía defender. Empecé a gritar de dolor.

"¿Te duelen las chichis, Vuser?" Yo no dejaba de gritar. "¿Nunca jugaste chichi blanca o chichi negra en la secundaria? Tal vez si me dices 20 marcas de cigarros te suelte," me dijo burlándose. "Ándale, Vuser, 20 marcas de cigarro y te dejo ganar."

"Chinga tu madre," fue lo único que alcancé a decir. Teo se rio. Después me soltó los pectorales y me enseño sus dedos índice y pulgar mientras los juntaba y los frotaba. Lo que sigue fue otra humillación peor, me pellizcó los pezones fuertísimo. El dolor fue insoportable. Sin importarme mi orgullo empecé a pedir que me soltara.

"Ya, ya, por favor, ya me rindo," grité a pesar de mí. Pero Teo se burló.

"¿Crees que es todo? ¿Tu crees que con eso me conformo? No me conoces chamaco, todavía falta muuuuuucho tiempo," dijo sin soltarme. Me dio dos cachetadas, una de cada lado. Luego me tomó de la boca y me dijo “me estoy divirtiendo mucho.”

Cuando por fin me soltó fue porque le dijo a Conan que se acercara para torturarme 2 vs 1. Y aquí fue cuando empezó la verdadera pesadilla. Conan había estado castigando al Turco con una llave que te cansa de solo estar sufriéndola; le había aplicado el nudo durante los últimos 3 minutos. Pobre Turco no tenia fuerzas para nada. Entonces Conan fue a donde estaban las mochilas suya y de Teo y sacó unas esposas. Vio que lo estaba viendo y me dijo "Todo vale, ¿no?". No lo quería creer, estábamos muertos, pensé.

CONTINUA PARTE 3 (y final)

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La lucha de parejas en la que me destrozaron Parte 1/3


Pocas veces he sufrido humillaciones como la e aquel día. Nada podía prepararme para lo que sucedió. No se ni por qué parte comenzar a contar esta historia. Creo que tengo que comenzar desde donde me quedé anteriormente. Llevaba ya un año en el gimnasio donde me enseñaron a practicar lucha libre. Mi coach me presentó a quien se convertiría en uno de mis mejores amigos. El Turco fue el primer rival contra quien luche y quien me dio mi bienvenida en la lucha libre (o más bien mi novatada). Desde aquella vez habíamos practicado cada fin de semana durante todo el año. Mi coach, Aleks, me ayudó muchísimo a mejorar mi técnica, mi fuerza y mi resistencia. Y el Turco me enseñó los trucos y las trampas que debía de conocer.

Después de un año de entrenar eran contadas las luchas en las que había participado. El Turco y Aleks casi siempre eran mis rivales. Pero sucedió que un día mientras entrenábamos estaba otro luchador ahi, uno que se llama Teo. Teo es uno de los luchadores más veteranos del gimnasio, tiene 44 años, pero su edad no le hace honor a su cuerpo; parece de 35 años, solo que con más canas y más arrugas. La experiencia se le nota más en su manera de luchar que en su físico. Yo lo había visto luchar algunas veces, de hecho la primera vez que vi luchar al Turco fue contra él. Teo era un tipo que no le importaba nada, le gustaba ganar y las reglas para él eran una sugerencia, por eso no había muchos luchadores que quisieran entrenar con él. Yo lo vi muchas veces jalando del pelo a sus contrarios, jalando a alguien de la nariz, aplicando el calzón chino, y claro, pegándole a los luchadores en los testículos. A veces ni siquiera usaba esos recursos para ganar, sino solo por el placer de hacer sufrir a alguien.

Lo que pasó fue que estábamos utilizando el ring el Turco y yo, y llegó Teo con un amigo suyo que le dicen Conan. Empezaron a acomodar sus cosas y a ponerse su equipo mientras nos esperaban, pero el Turco y yo no llevábamos mucho tiempo ahí entonces nos esperaron un buen rato. Teo nos empezó a decir cosas bromeando como que parecía lucha de mujeres o que de plano nadie pagaría por ver esa lucha. Los comentarios no eran insultantes, pero generaban molestia porque nosotros queríamos entrenar, entonces empezamos a responder con burlas hacia ellos también.

"Está bien que sea entrenamiento, pero ustedes parece que se están acariciando. ¡Péguense bien cabrones!" fue lo último que nos dijo Teo antes de que el Turco se animara a contestarle.

"Cálmate, Teo, nada más por que a ti te gusta pegarte con tu matachín no quieras que todos entrenemos igual, es un gimnasio familiar," le contestó el Turco.

"¿Cuál matachín, pendejo? Por lo menos no agarro novatos para entrenar. Entrena con alguien que te ponga algo de resistencia." Esto último que dijo me involucraba a mi directamente.

"Pone más resistencia que el trapo que trajiste," dijo el Turco.

"Como trapo te dejo cada vez que te atreves a luchar conmigo. De hecho ¿cuándo fue la última ve que nos subimos al ring? Hace como un año, ¿ya no te gustó que te pusiera una chinga o que? ¿por eso ahora nada más te subes con nenas?" dijo Teo cada vez más acalorado.

"Ja, te he puesto una chinga andando pedo, cabrón. Pesas como el doble que yo y aun así me la pelas," le dijo el Turco.

"Ahorita y cuando quieras te demuestro lo contrario, compa, de todos los luchadores que han pasado por aquí soy el único que jamás te va a negar una lucha," contestó Teo.

"Tal vez cuando tengamos tu edad vamos a ser como tú Teo, en unos 25 años" le dije yo cuando vi que el Turco ya no tenía algo que responder. Esto pareció molestarle más de lo normal a Teo, porque él a pesar de ser el más veterano del gimnasio es de los mas fuertes y atléticos, y no le gusta que le recuerden que es el más viejo.

"Te llevo 14 años mocoso, y a tu edad ya todos me la pelaban aqui. Vamos a darnos un tiro, putos," contestó Teo visiblemente molesto.

"No empieces Teo, déjanos entrenar. Luego te ponemos la arrastrada que pides," dijo el Turco.

"Ahh, ¿te da miedo? Está bien, como quiera aqui mi compa Conan me aguanta más que los dos juntos."

"Como te encanta molestar cuando entrenamos. Pon fecha, puto, va," dije yo sin voltear a ver al Turco, me había tocado una fibra sensible.

"El sábado. Todo vale" dijo Teo sin pensar. A mí si me sorprendió el reto, no tanto por lo cercano de la fecha, sino por la sugerencia de que fuera sin reglas. Yo sabía que Teo no suele ser muy limpio. Pero mi orgullo no me permitía rechazar el reto.

"Ya quedó", contesté, y al Turco pareció agradarle la idea, más por demostrarle a Teo que no nos daba miedo.

"Ok, sábado 4 de la tarde, Conan y yo contra ustedes dos. Los vamos a hacer mierda."

Todos estuvimos de acuerdo. Conan contestó con un sí indiferente. La lucha estaba pactada.
_____________________________________________________________________

Llegamos el Turco y yo al gimnasio el sábado puntualmente a las 4 de la tarde. Para mi sorpresa Teo y Conan ya estaban arriba del ring practicando. Llevaban algún rato porque estaban sudados.

Teo tenia puestos unos shorts negros de lycra ajustados estilo MMA. Conan llevaba pantalones de lycra verdes, y botas de lucha, pero parecía más ropa de entrenamiento que de competencia; su complexión delgada y musculosa parecida más a la mía que a la de Teo. Conan llevaba también muchos años entrenando pero era solo unos cuantos años mayor que yo.

Teo tenía apariencia del fisiculturista Wade Hayes, maduro pero fortísimo, incluso fisicamente se parece muchísimo a él (https://goo.gl/images/Dumakk). Conan se parecía más a Nick Diaz ( https://goo.gl/images/wfTsMj ). Y el Turco obviamente parecía árabe, lo que le había otorgado su apodo, muy parecido a Alpetkin Ozkilic ( https://goo.gl/images/UxTBxR ). ¿Y yo? Bueno solo como referencia se pudiera decir que tengo algo de Roger Huerta (https://goo.gl/images/nhrKkR)

El Turco y yo nos acercamos al ring y empezamos a sacar nuestra ropa de las mochilas que llevábamos.

"Qué puntuales, señoritas," nos saludó Teo.

"Listos para darte en la madre," saludó de vuelta el Turco.

"Nosotros igual," fue lo unico que dijo Teo.

Terminamos de vesitrnos. Yo tenía puestos unos shorts de mma grises de entrenamiento, la tela era de algodón. Debajo llevaba unos shorts azul marino de lycra ajustados, como los que tenía puestos Teo. El Turco llebava puestos shorts largos blancos de lycra, que le llegaban un poco arriba de la rodilla.

Subimos al ring. Escogimos la esquina contraria a donde se había ido a descansar nuestros dos contrincantes. Teo fue el primero en hablar.

"Bueno, quedó claro antes que esta lucha es sin reglas-" comenzó a decir.

"Sí, pero no te pases, Teo, es competencia sana," dijo el Turco interrumpiéndolo.

"Sí, sí, tranquilo, lo que quiero es humillarlos y jugar con ustedes, no matarlos, no te preocupes," dijo Teo, y siguió "la lucha va a ser a 2 de 3 caídas, con límite de tiempo de media hora, a menos que acordemos seguir después de ese tiempo. Se pueden rendir antes, pero yo espero que aguanten suficiente como para que mínimo dure esos 30 minutos. Así que si están listos, vamos a darnos de chingazos. Pase el primero que quiera ser humillado."

Entré yo al ring primero contra Teo. El Turco insistió que fuera él primero, pero yo sabía que como quiera Teo iba a querer luchar contra mi, por lo que le dije el jueves anterior. Yo, como siempre empecé rodeando al luchador, pero Teo se abalanzó contra mí y me abrazó. Con su impulso me llevó a una de las dos esquinas donde no estaban los otros luchadores y me estrelló contra el esquinero.

“Vamos a ver de que estas hecho, muchachito,” me dijo Teo mientras me tomaba de las muñecas y me obligaba a pasarlas por encima de la tercera cuerda. Me soltó y me volvió a tomar de las muñecas por dentro del ring jalando hacia él, lo que me obligó a arquear mi cuerpo hacia adelante. No era muy doloroso pero sí muy incomodo. Teo siguió jalando mis muñecas mientras daba un paso hacia atrás y se acomodaba, o eso parecía.

“Ese paquete que traes ahí abajo de tus shorts le he traído ganas desde hace mucho tiempo. Creo que me voy a divertir hoy,” terminando esa frase levantó su rodilla justo entre mis piernas y me dio de lleno en los huevos. Creo que nunca me habían pegado tan fuerte en esa zona tan sensible. Solté un grito de dolor que hubiera asustado a cualquiera. "¡OOUUUFFFFF!" Mi instinto fue juntar mis piernas y tirarme al piso, pero Teo me tenía muy bien sujeto, y no dejó que nada de eso sucediera. Mantuvo su rodilla justo donde la había puesto, y siguió jalando mis brazos para poder poner más presión en mis huevos. Creí que me iba a desmayar del dolor, pero desafortunadamente eso no sucedió. Escuché a Conan gritando “ooohhhhhh” y al Turco diciéndole algo a Teo que no logré entender. La rodilla de Teo seguía evitando que me cayera, aunque no tenia fuerzas en las piernas, y la manera de posicionar mis brazos sobre las cuerdas le daba toda la ventaja que necesitaba.

Cuando por fin me soltó Teo me caí de lleno a la lona con las manos cubriéndome el bulto. No podía pensar nada. Mi respiración se aceleró al cien. Quería que Teo me rindiera en ese momento y que las otras caídas se las llevaran por de fault. No sabía lo mucho que me faltaba por sufrir. Sin tiempo de descansar ni recuperarme, Teo me tomó de la cabeza y me levantó a la fuerza. Yo no solté mis testículos, pero me obligó a hacerlo cuando metió su brazo entre mis piernas y me levantó. Me llevó al mismo esquinero donde me había machacado mi hombría y me colocó de cabeza con los pies atorados en la tercera cuerda, una posición que había visto muchas veces en la tele, “the tree of woe”. Una vez acomodado para que no me pudiera zafar, me puso su bota en la cara. Empezó a presionar con fuerza, por lo que traté de quitar la bota con mis manos. Fue ahí cuando sentí que me agarraba el paquete, y sentí miedo. Primero sentí un agarrón sin más, pero mientras palpaba qué había debajo de mis shorts, buscó la mejor manera de agarrar los dos testículos sin que se escaparan, y entonces comenzó a apretar.

Mis huevos ya estaban sensibles, no había necesidad de esforzarse mucho, pero Teo no tenía compasión. Los apretaba y los jalaba a su antojo. Después quitó su bota de mi cara para empezar a patear mi abdomen, sin soltarme de las bolas. Yo estaba a punto de llorar. Cuando por fin me soltó, me cubrí el paquete y con todo mi esfuerzo hice las abdominales necesarias para alcanzar mis pies y desengancharme. Teo me esperó sin atacarme, pero una vez que estuve libre, me tomó del pelo para seguir su tortura.

Me cargó y me dio un abrazo de oso que me dejó sin aire. Me apretaba fuerte y yo no podía hacer nada. Me movía de un lado para otro. No tenía fuerzas para luchar, y el dolor de mis huevos no me dejaba pensar en nada. Entonces vi que el Turco se metió al ring sin que yo le hubiera hecho el relevo, y le dio unas patadas voladoras a Teo para salvarme. Yo caí en el suelo y rodé fuera del ring, no quería saber nada de esa lucha. Me puse en posición de 4 puntos, esperando que el dolor se fuera de mis testículos y abdomen, solo podía poner mi mano en los huevos para tratar de soportar el dolor.

El turco empezó bien la lucha, pero Conan entró un momento después a defender a su compañero. Lo golpeó por detrás hasta que soltó a Teo y luego lo levantó para azotarlo contra la lona. Lo levantó de nuevo, esta vez de los pelos y lo sujetó en forma de nelson para que Teo lo golpeara. Teo no perdió oportunidad, tomó al turco de una pierna, la levantó, y le dio una patada que en la entrepierna que alcancé a escuchar fuertísimo desde abajo del ring. Se cayó al suelo agarrándose los huevos y lo levantaron otra vez para seguirlo golpeando. Esta vez fue Teo quien le detuvo los brazos encima de su cabeza y Conan lo golpeaba en el abdomen.

Después de eso Teo soltó al Turco solo para volteralo de frente a él y darle un rodillazo en el estomago. El Turco cayó al suelo y se puso boca abajo cubriendo el abdomen. Teo cayó con una rodilla en la espalda del Turco que lo hizo gritar de dolor, y ahi lo dejó mientras Conan bajaba del ring para traerme de regreso.

CONTINUA EN PARTE 2

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Last edited on 1/25/2018 6:13 AM by vuvuser; 0 comment(s);
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